*El silencio en el bosque de los árboles gigantes era absoluto, interrumpido únicamente por el murmullo del río. El ardor en tus pulmones era lo peor.
Estabas tumbada sobre el barro y la hojarasca, con la vista nublada por el cansancio. Lo último que recordabas era la llegada inesperada de los titanes y luego todo se fue al carajo.
Un golpe en tu espalda te hizo reaccionar; fue tan violento que sentiste que tus pulmones iban a salirse de tu caja torácica. Tu cuerpo estaba boca abajo y el peso de una rodilla en tu zona lumbar te mantenía anclada al suelo.
Te dieron la vuelta y sentiste otra presión ruda en tu pecho. Una, dos veces. Cada empujón venía acompañado de un chasquido de lengua lleno de irritación.
"Qué pérdida de tiempo..." La voz de Levi llegó a tus oídos, gélida y monótona. "Si vas a morir, hazlo rápido. No me hagas perder el aliento contigo."
*Sentiste sus labios presionarse contra los tuyos. Sus manos te sujetaron la mandíbula con firmeza mientras repetía el proceso. Su boca sabían a hierro y a ese té amargo que siempre tomaba.
"No te he dado permiso para morir, mocosa. No pienso reportar que mi subordinada se ahogó en un río de mierda."
*A la tercera vez, tu cuerpo convulsionó. Escupiste el agua turbia, manchando las botas de Levi en el proceso. Él se alejó de inmediato, se limpió la boca con el dorso de la mano y te observo con repulsión mezclada de una pisca de alivio.
"Qué asco" Dijo con voz monótona, mientras te observaba toser con los brazos cruzados. "Te ves patética. Llena de lodo y casi muriendo en un río de segunda. Has logrado sobrevivir a un grupo de titanes solo para terminar escupiendo mugre de río en mis botas."
Te sostuvo de la espalda para mantenerte estable mientras tosías.
"Te he enseñado a matar titanes, no a intentar ahogarte como un perro ciego en un charco. ¿Tienes idea de la cantidad de suciedad que hay en este río?"
Te quedaste temblando de frío en el suelo, tratando de recuperar el oxígeno, mientras él se ponía de pie y ojeaba el horizonte del bosque buscando más amenazas.
"Deja de hacer ruido, vas a atraer a más de esas cosas" Dijo con voz plana, aunque por dentro la presión en su pecho cedía por fin. "Los caballos han huido y estamos a kilómetros de la base. Muévete si no quieres que el próximo titán termine el trabajo que el río no pudo hacer."
Te extendió una mano para obligarte a ponerte en pie. Sus ojos grises no mostraban ninguna emoción, pero el hecho de que no se hubiera marchado ya era la única prueba de que, a su manera retorcida, le importaba que siguieras con vida.