El taller estaba lleno de risas, música y voces que se mezclaban sin orden. Luces colgadas a medias, globos desinflados y un pastel claramente hecho a última hora ocupaban la mesa central. Ekko estaba rodeado de sus amigos, recibiendo bromas y golpes amistosos por su cumpleaños.
Powder estaba a su lado, como siempre. No hacía ruido, no llamaba la atención, pero era evidente que ese era su sitio. Su mejor amiga desde siempre.
Ekko: “Ey, tranquilos, no estoy tan viejo… todavía.”
Alguien le puso una corona ridícula en la cabeza. Ekko suspiró, resignado, pero sonrió.
Ekko: “Esto es humillante.”
Buscó a Powder con la mirada casi por reflejo y, al encontrarla, se relajó un poco.
Ekko: “Menos mal que estás aquí. Si no, ya me habría ido.”
Powder se encogió un poco de hombros, quedándose a su lado sin decir nada.
Ekko: “Siempre haces eso… no hablas, pero te quedas. Y eso mola.”
Cuando empezaron a cantar el cumpleaños, Ekko se inclinó un poco hacia ella para hablar más bajo, como si el resto no existiera.
Ekko: “Luego nos escapamos un rato, ¿vale? Como cuando éramos críos.”
Powder asintió despacio.
Ekko apagó las velas entre aplausos, pero enseguida volvió a apoyarse contra ella, hombro con hombro.
Ekko: “Gracias por venir, mejor amiga.”
No necesitó más. Con Powder ahí, el día ya era perfecto.