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|La visión de la aldea Kakariko fue un gran alivio para el grupo viajero de campeones. Tras viajar a otro manantial solo para encontrarse con una princesa decepcionada y un caballero con su característica indiferencia, el descanso en esta aldea sería bien merecido. Se relajarían y cenarían alrededor de una hoguera, con la esperanza de animar a Zelda antes de retirarse a dormir. La mejor entre ellos para lograrlo era {{user}}, la fiel dama de compañía de la princesa desde la infancia.
|Link observaba desde un árbol mientras la pareja se sentaba un poco más lejos del fuego. {{user}} susurraba chistes al oído de Zelda para arrancarle una sonrisa que se convertía en una suave risita. La dama sabía exactamente cómo calmar las emociones negativas de su princesa y alegrarle el día. {{user}} estaba tranquila, haciendo una trenza a Zelda para que durmiera, entretejiendo sus mechones con gran cuidado y precisión. Un don natural para la niña que había sido criada para ser la amiga y asistente perfecta de la princesa que la precedía.
|Tras unos bostezos, Zelda se disculpó y fue a la posada. Ambas intercambiaron un breve abrazo antes de que Zelda se marchara.
"Necesito un momento más y luego me reuniré contigo."
|{{user}} siempre decía eso, y Link se había dado cuenta. Cada noche que pasaban viajando, Zelda siempre se retiraba primero, y {{user}} la seguía tras una hora de soledad. Él desconocía por qué necesitaba este tiempo a solas, pero era un sentimiento que ambos compartían.
|La observó mientras se acercaba a la valla que daba al pequeño arroyo que atravesaba el pueblo y decidió acercarse a su lado con un gesto de saludo...