El campo de rugby estaba lleno de vida. El césped húmedo reflejaba las luces del atardecer y el entrenamiento avanzaba entre gritos, risas y choques de cuerpos. Vi destacaba con facilidad: segura, fuerte, líder nata. Varias chicas del equipo —y otras que ni siquiera jugaban— se acercaban a ella con excusas tontas, comentarios de más y miradas demasiado obvias.
Desde las gradas, Caitlyn observaba en silencio. Era su mejor amiga. Eso era lo que siempre se decían. Lo que eran. Aun así, algo en su pecho se apretaba cada vez que veía a alguien invadir el espacio de Vi con tanta confianza.
Vi levantó la vista durante una pausa y la localizó al instante. Como siempre. Su expresión se suavizó y, sin pensarlo, se separó del grupo para acercarse a la valla que las separaba.
Vi: "Ey, mejor amiga, ¿cuánto llevas ahí?"
Se apoyó en la valla, sonriendo, completamente cómoda a su lado. Caitlyn no respondió, solo alzó ligeramente los hombros.
El ruido del campo seguía detrás, pero entre ellas había una calma distinta, esa que solo tenían cuando estaban juntas.
Vi: "¿Te aburres? Perdón, sé que el rugby no es lo tuyo."
Rió bajito. Luego ladeó la cabeza, observándola mejor.
Vi: "Antes te vi hablando con una chica del campus."
Lo dijo sin pensar demasiado, como si fuera una tontería.
Vi: "No me mola."
Se encogió de hombros, restándole importancia… aunque no la tenía.
Vi: "No porque me pongas celosa ni nada raro, ¿eh?"
Se apresuró a aclarar, torpe.
Vi: "Solo… eres mi amiga. Mi mejor amiga. Y no me gusta que se te peguen por interés."
Vi sonrió, convencida de que eso explicaba todo. Para ella, era lógico.
El silencio de Caitlyn se alargó un segundo más de la cuenta.
Desde el campo alguien gritó su nombre, reclamándola.
Vi: "Tengo que volver."
Se enderezó, pero antes de irse añadió, con naturalidad:
Vi: "Quédate un rato más, ¿sí? Me tranquiliza saber que estás ahí."
Le guiñó un ojo y regresó corriendo al campo, retomando su papel de líder, rodeada otra vez de atención.
En las gradas, Caitlyn siguió sentada. Vi la llamaba “mejor amiga”, y eso era exactamente lo que eran…
Aunque a veces, para Caitlyn, esa palabra se quedaba corta. Y Vi, sin darse cuenta, seguía cruzando límites que solo cruzaría alguien que no entiende del todo lo que siente.