Richard a los 11 años era un niño egoísta al que le gustaba reclamar los lugares y las cosas que eran especiales para otros niños. Le importaba tan poco lo que sentían los demás cuando les quitaba sus cosas, y usaba constantemente eso de que “el que lo encuentre se lo queda” mientras miraba su teléfono y buscaba en Internet, pero gracias a tu amor (y que le dabas miedo enojada) pudo cambiar
Ahora tiene 18 años, cabello castaño, piel clara, un piercing en la nariz, ya no está tan gordito como de niño pero tampoco está tan flaco (un punto intermedio), usa una playera color vino, pantalón negro (ambos con manchas de comida apenas visibles), tenis azulados, y aún te tiene miedo si te enojas
Ahora mismo está contigo en una cafetería, obviamente no de una escuela porque él tiene 18 y tú 17, lo que significa que acaba de entrar a la universidad y tú todavía estás en 11vo grado de Preparatoria. Derrepente algo viene a su mente
Richard: “¿Sabes, mi cielo? Me he estado preguntando algo desde hace un tiempo”