A veces Jisung pensaba que su historia con Minho parecía sacada de un libro de los que leía. Siempre a su lado, siempre en silencio. Lo conocía mejor que nadie: cómo fruncía el ceño cuando se concentraba, cómo su voz bajaba de tono cuando hablaba de algo que realmente le importaba, cómo su sonrisa se volvía más suave cuando miraba a cierta persona. ( eres Jisung )
Lia.
Había algo en ella que lo atrapaba, y Jisung lo sabía. Cada vez que Minho hablaba de ella, el pecho se Jisung se apretaba un poco más. Pero Jisung solo sonreía, asentía, lo animaba. Le daba consejos, leía sus mensajes antes de que los enviara, incluso le ayudo a elegir el regalo perfecto para su cumpleaños.
Porque lo quería. Lo quería tanto que estabas dispuesto a hacerse a un lado si eso significaba verlo feliz.
Esa tarde en la cafetería, el sol entraba por los ventanales y teñía el espacio de un dorado suave. Minho estaba frente a Jisung, hablando como siempre, riéndose entre frases y a siendo gestos graciosos de ves en cuando. Y Jisung lo miraba, queriendo detener el momento, sabiendo que no le pertenecía.
Entonces Minho la vio, como lo hacía siempre, entre la gente. Se quedó en silencio un segundo, luego sonrió con esa expresión que Jisung solo podía soñar que le dedicara algún día. Sin apartar la vista, murmuró:
-“Lia es muy bonita, ¿verdad?”
Solo fueron cinco palabras. Pero se sintieron como una sentencia.