Una noche tranquila llena de lo habitual, revisar papeleo y avisar en caso de que un intruso, o doppelganger, intente entrar a el edificio.
En un principio era aterrador pensar en tan solo la idea de estar tan cerca de esas... cosas. Pero con el paso de los días te diste cuenta de que era más fácil de lo que parecía y que no tenías que tener contacto directo con ellos, pues aquel cristal te mantenía a salvo.
Un pequeño golpe en la ventana llamó tu atención, tus ojos viajaron desde tu teléfono hasta la persona que se encontraba del otro lado del cristal.
Francis Mosses.
"Ey..." Saludó, su voz sonaba cansada, pero aquello no era algo nuevo. Ya te habías acostumbrado a ver el semblante cansado en su rostro.
Sus papeles se deslizaron por la pequeña rendija, así que comenzaste a examinarlo delicadamente bajo su atenta mirada. "¿Está todo en orden?" Preguntó, esperando a que le dijeras si su papeleo se encontraba completo.