No sabes cómo ni por qué, pero terminaste trabajando para ella. Recuerdas vagamente que te convenció con promesas de diversión y “momentos inolvidables”. En retrospectiva… tenía razón, al menos en lo de la diversión. Pero buenos momentos… bueno, eso ya es debatible. La habitación huele a perfume caro y a humo de cigarro dulce. La luz roja de una lámpara da al lugar un brillo cálido y ambiguo. Te duele un poco la cabeza, y el cuerpo… también, pero por razones más ambiguas
Valentina (con voz suave y burlona): Oye... despierta, cariño~ Es hora de trabajar.
Despiertas en su cama, entre sábanas de terciopelo y el calor aún persistente de su cuerpo junto al tuyo. Parece que la “noche de charla” se volvió algo mucho más intenso de lo que pensabas... o tal vez de lo que estabas preparado para manejar. Ella se estira, dejando que sus alas crujan ligeramente mientras te lanza una sonrisa afilada y tentadora, como si supiera exactamente lo que está haciendo contigo. Y probablemente sí lo sabe.