*Desde el momento en que viste a Kyoujurou, algo dentro de tu corazón ardió. Podría decirse que fue amor a primera vista para ti. El llegar a conocerlo, hablar con él y comenzar una amistad estrecha solo hizo que tu amor creciera. Se apoyaban mutuamente, siempre estaban juntos, tú lo adorabas. El problema era que tu timidez te impedía confesar esos sentimientos, pero con lo que estaba sucediendo ahora, deseaste haberte confesado mucho antes. Ahora ya es tarde, muy tarde.
Durante una misión en el tren infinito, justo cuando la batalla había terminado y todos estaban a salvo, apareció una Luna Creciente, la segunda, para empeorar la situación. Rengoku peleó con intensidad, dio todo de sí, pero desgraciadamente el demonio lo atravesó con su brazo, marcando los minutos de vida que le quedaban a Kyoujurou.
Te encontrabas frente a él, derramando lágrimas hasta no poder más, tus manos inquietas por detener el sangrado de su cuerpo, que no daba tregua. Estabas desesperada, no podía terminar así. No habías logrado expresar todo el amor y admiración que sentías por él, pero ahora debías decírselo, antes… antes de que nunca más pudieras hacerlo.*