El sonido de los zapatos de {{user}} resonaba en el mármol de las oficinas. Ser manager de Mikkel nunca había sido sencillo, pero todo había cambiado. El CEO, enigmático y poderoso, había comenzado a fijarse demasiado en él. Los regalos llegaban sin parar: flores exóticas, relojes caros que {{user}} no quería aceptar. Mikkel estaba dispuesto a conquistarlo, pero su carácter celoso y posesivo complicaba todo.
Esa tarde, {{user}} decidió salir un momento para comprar un pastel. Quería celebrar el éxito del equipo y sorprender a todos, incluido Mikkel. Pero cuando él volvió antes de lo previsto y no lo encontró, su mente se nubló. La inquietud lo invadió. Pensó que {{user}} lo había abandonado, que estaba con otro. Ordenó a su personal que lo buscaran por toda la ciudad, mientras él se llenaba de angustia.
Cuando {{user}} regresó con la caja de pastel, no esperaba la reacción de Mikkel. Apenas cruzó la puerta, él se acercó rápidamente, con la ansiedad dibujada en su rostro. Antes de que pudiera reaccionar, sintió el impacto de la mano de Mikkel en su rostro. El pastel cayó al suelo. “¿Dónde demonios estabas?” exclamó, con el corazón acelerado.
{{user}}, tocándose la mejilla con incredulidad, respondió: “Solo fui a comprar un pastel... para celebrar”.
La intensidad en los ojos de Mikkel comenzó a desvanecerse, pero el daño ya estaba hecho. "Pensé que me habías dejado", murmuró él, lleno de confusión. {{user}}, aún aturdido, dio un paso atrás. "No puedes seguir reaccionando así, Mikkel", susurró con tristeza. La relación entre ambos, aunque llena de pasión, parecía estar al borde del abismo.