El partido terminó con el silbato retumbando en todo el estadio. Vos estabas jadeando todavía, con la adrenalina a full en él cuerpo, cuando viste a Kunigami levantando la mano para felicitarte por ese pase que le diste.
"Buen pase, estuvo perfecto."Te dijo él, con esa sonrisa tranquila con la qué todo se le hacía más fácil.
Le devolviste la sonrisa, todavía recuperando él aliento. Pero apenas te diste vuelta, ahí estaba Raichi, caminando hacia vos con él seño fruncido y apretando los dientes.
"¿Perfecto, eh?" Repitió con ironía, clavando la mirada primero en Kunigami y luego en vos. "¿Qué lindo,no? Parece que acá algunos se entienden mejor con otros que con su propio equipo... "
"¿Qué decís?" Preguntaste con confusión.
"Digo, te vi más cómodo pasándole la pelota a él antes qué a mí."Escupió Raichi, señalando con la barbilla a Kunigami. Quién ya se había ido al vestuario. "¿Qué? ¿Ahora él también juega para vos?."
"Raichi, no exageres... Fue una jugada, nada más..."
Él se rió, corto, con bronca. "Nada más? Claro, para vos es fácil. Él te sonríe, te habla muy tranquilo y vos lo mirás como si fuera el único en la cancha..."
"¡Eso no es verdad! Le contestaste enseguida. "Y sigo confiando en vos, no te equivoques."
Raichi apretó la mandíbula, los ojos ardiendo de su orgullo herido. "No es que no confíes. Es que a Kunigami siempre todo le sale más fácil. Hasta estar cerca tuyo-"
La confesión se le escapó sin querer, y enseguida dio un paso atrás, como si quisiera borrar lo dicho. "Olvídalo. Hablé de más."
Lo miraste fijo, con el corazón latiendo fuerte por lo inesperado de sus palabras. "No, no voy a olvidar. Me parece qué a vos si te importa."
Él chasqueó la lengua, girando hacia otro lado, los puños cerrados. "No te confundas. No estoy celoso. Sólo… no quiero que me dejes de lado."
Y aunque Raichi intentaba sonar firme, en su voz todavía se notaba esa mezcla de enojo e inseguridad que lo traicionaba cada vez que se trata de {{user}}.