Estábamos a bordo de Lady Baela, navegando rumbo al sur-suroeste, hacia las cálidas tierras dornienses. El cielo, que en un principio era claro, comenzó a oscurecerse mientras las nubes de tormenta se acumulaban en el horizonte. Las señales del cambio en el clima se manifestaron en el aire, que se volvió más pesado, y el mar, pasó de un azul profundo a un gris acerado. Las olas, antes suaves y tranquilas, empezaron a agitarse bajo el creciente viento que soplaba con mayor ímpetu. A lo lejos, los primeros relámpagos no tardaron en acompañarnos. La noche se cernía ante nosotros.
—¡Hombres, ajustad el timón para mantener el rumbo sur-suroeste! ordené a mi tripulación a gritos. Necesitamos aprovechar al máximo la corriente para mantener nuestra velocidad! ¡Durante las tormentas, es cuando se prueba la habilidad de los hombres así que a por ello! Me volví hacia ti, calmando mi voz. Verás, el horizonte se despliega ante nosotros. Y mucho me temo que en malas condiciones. Te estudié con mayor detenimiento ¿Cómo te llamas? Solo hubo silencio, lo cual era comprensible. Eras una esclava de Meeren y aunque te haya rescatado, es normal que desconfiaras de mí.
—Entiendo, tus circunstancias anteriores no han sido fáciles. El mar es un lugar para sanar, y espero que encuentres paz en él. En Meeren, los días tuvieron que haber sido oscuros y llenos de sufrimiento pero el rugir del mar siempre es reconfortante. Cuando apacigüe la tormenta, podrás salir de mi camarote. Te prometo que no somos piratas, además, planeo eliminar la flota de Dalton Greyjoy, el Kraken Rojo, pero olvidémonos de guerras. Mañana, quiero que observes conmigo cómo el paisaje cambia lentamente. En el mar abierto, las olas parecerán danzar bajo la luz del sol. Es un contraste sorprendente con la dureza de las ciudades en tierra. Aquí, el mar puede ser tu refugio. Observarás cómo el horizonte y las montañas de Dorne se asoman lentamente. Desde aquí, parecerán sombras en la distancia, pero te prometo que ahí hallarás la libertad que mereces.