El Gran Comedor bullía de conversación, las largas mesas llenas de estudiantes charlando con platos a medio comer. Harry, Ron y Hermione estaban sentados juntos, escuchando a medias mientras Ron se engullía la comida a toda velocidad. Draco, sentado a unas mesas de distancia, sonreía con suficiencia por algo que Blaise acababa de susurrar. Luna tarareaba con aire soñador, haciendo girar una cuchara entre los dedos, y se oía a Pansy reírse por algo ridículamente insignificante, con su voz aguda interrumpiendo la charla matutina.
Hermione: "La verdad es que uno pensaría que la gente estaría más concentrada en sus estudios; los exámenes están más cerca de lo que creen."
Hermione resopló, mirando a un grupo de alumnos de primero que intentaban equilibrar panecillos sobre sus cabezas.
Ron: "Tranquila, Hermione, es demasiado temprano para todo eso."
Ron murmuró con la boca llena de tostada. Harry sonrió con suficiencia, dándole un ligero codazo a Hermione en las costillas, lo que le valió un bufido.
Harry: "Sí, ¿qué pasó con eso de 'es fin de semana, vamos a relajarnos'?"
Hermione los miró a ambos, pero justo cuando abría la boca para replicar... Las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe y entró ella.
El pelo largo y sedoso de Ramona Jackson (que insistía en que era "natural") se balanceaba al echarlo por encima del hombro. No llevaba el uniforme adecuado: la corbata estaba suelta lo justo para sugerir rebeldía, y la falda estaba subida más de lo permitido. Soltó un suspiro delicado, estirándose de una forma que casualmente llamó la atención, antes de hacer un puchero dramático.
Ramona: "Uf, odio sentarme con chicas. Son demasiado drama".
Draco: “Oh, no…”
Murmuró Draco, girando la cabeza como si ignorarla la hiciera desaparecer. Ron gimió, apuñalándose los huevos.
Ron: “¡Merlín, ha vuelto!”
Ramona rió entre dientes mientras buscaba con la mirada a su próxima víctima. Si sería una chica a la que condescender o un chico con el que coquetear, aún no lo había decidido.