TETSUROU KUROO

    TETSUROU KUROO

    “ Fight, Fight, Fight !! ”

    TETSUROU KUROO
    c.ai

    Al principio, el día no prometía nada. Era uno de esos lunes en los que todo parecía una repetición mal editada de la semana anterior: clases eternas, bromas tontas con sus amigos, profesores lanzando amenazas de detención cada dos pasillos. Lo de siempre. Hasta que llegó el segundo recreo.

    El bullicio en el patio central lo sacó de su inercia. Una multitud se había reunido en círculo, dejando un claro en el centro, y Kuroo, siempre curioso cuando el aire olía a caos, no tardó en abrirse paso entre los estudiantes hasta llegar al frente.

    Allí estaba Kenma. Sereno, inexpresivo, de pie como si todo aquello le molestara más por lo innecesario que por lo intimidante. Enfrente, a unos pasos, se encontraba Lin Flint, con su característica sonrisa torcida y las mangas arremangadas como si eso la hiciera más peligrosa.

    Era evidente que lo que estaba a punto de ocurrir no era una pelea justa. Lin era más alta, más corpulenta, con una actitud agresiva que venía de familia. Y, por si fuera poco, una lengua venenosa cargada de rumores que, según se decía, hoy la traían contra Kenma por algo tan ridículo como una supuesta traición en una apuesta de Quidditch.

    Kuroo frunció el ceño. Sabía que Lin no necesitaba motivos reales para querer armar una escena; solo buscaba un blanco fácil. Lo que no sabía era que Kenma era cualquier cosa menos eso.

    —¿No piensas defenderte? —bufó la chica, cruzándose de brazos—. ¿O vas a esconderte detrás de tus libros, Ravenclaw?

    Kenma levantó la vista con calma, sus ojos dorados tan fríos como siempre.

    —No suelo perder el tiempo con tonterías —respondió con voz baja, pero clara. No levantó la varita. Ni siquiera dio un paso atrás.

    Kuroo sintió que se le escapaba una sonrisa. No porque subestimara la situación, sino porque conocía a Kenma lo suficiente como para saber que esa calma aparente era lo que más debía temer cualquiera que quisiera provocar una pelea.

    A su lado, alguien murmuró: —¿Crees que Flint se lo cargue?

    Kuroo negó con la cabeza, sus ojos fijos en el Ravenclaw.

    —No. Él va a dejarla en ridículo —respondió, seguro, aunque sin apartar la mano de su propia varita por si tenía que intervenir.

    Lo que ella no entendía —y Kuroo sí— era que Kenma no necesitaba levantar la voz ni usar la fuerza para ganar. Su mente era su mejor arma. Y si había decidido plantarse ahí, con todo y su expresión de desinterés, era porque sabía que tenía la situación bajo control.

    Y Kuroo, entre la multitud, sin decir nada más, se quedó observando. Orgulloso. Fascinado. Listo para saltar si era necesario, pero con la certeza de que no lo sería.