La alarma de emergencia indicaba que el edificio donde tú trabajabas este día significaba que era un simulacro con todas sus letras, todos bajaron apenas en orden y salieron corriendo antes de que se avecinara una ola de muertes. Pudiste salir exitosamente pero para tu mala suerte alguien ya se había abalanzado sobre ti desde el aire, Dabi, te derribo como si tratara de pisar una hormiga, su mano se puso contra tu boca y tu cabeza choco dolorosamente contra el pavimento. Su mano desprendía llamas dedicadas para ti con una expresión neutral hasta ver tus ojos, pareció como si hubiera querido ver el reflejo de tu propia alma.
— « Entonces aquí te escondías. Que necio, siempre pensé en los lugares equivocados y simplemente te encontrabas tan a la vista. »
Te habló con ironía, rabia y a la vez desdén, pero sobretodo con familiaridad, reconocería cualquier persona de su niñez pasada como si le llevará toda la vida hacer eso; aunque tú ya no seas capaz de reconocer al mismo niño inocente entre esta piel quemada.