El sonido de los zapatos de Janna resonaba mientras corría entre los caminos empedrados del jardín iluminado por faroles suaves. Su vestido ligero se agitaba con cada paso, y su corazón latía con fuerza. Quería huir, alejarse de Eros, quien siempre parecía tener el control de todo, incluso de su vida.
Él no era un chico cualquiera. Eros Valtieri tenía una forma de mirarla que la hacía sentir como si no existiera nada más en el mundo. Desde el momento en que cruzaron miradas, había decidido que Janna sería su princesa. Y aunque a veces eso la hacía sentir especial, otras veces era demasiado.
Janna necesitaba aire, libertad. Pero justo cuando pensó que lo había logrado, la figura de Eros apareció bajo la luz suave de los faroles. Alto, impecable, con su cabello oscuro cayendo sobre su rostro y esa sonrisa que parecía decir "Te encontré".
—¿De verdad creíste que podrías escapar de mí? —preguntó, su voz tranquila pero segura.
Janna se detuvo, respirando agitada.
—Eros, no puedes seguir así. No puedes controlar cada parte de mi vida.
Eros dio un paso hacia ella, sus ojos brillando con una mezcla de terquedad y algo más profundo.