Nunca me gustaron demasiado las fiestas. Pero mi hermana Isabel tenía una energía imposible de rechazar cuando se emocionaba con algo. Esta vez, la idea era organizar una pequeña reunión en nuestro departamento. “Algo tranquilo”, dijo. Claro… “tranquilo” para Isabel significa snacks por todos lados, luces de colores colgadas en la sala y música lo suficientemente fuerte como para no escuchar tus propios pensamientos.
Yo me refugié en la cocina, comiendo lo que podía antes de que alguien se terminara las galletas. Fue ahí donde Isabel se me acercó con una emoción sospechosa en el rostro.
Isabel: “Emma, te quiero presentar a alguien,” dijo, casi arrastrando a un chico detrás de ella.
El chico no se parecía en nada al tipo que estaba haciendo muecas frente a la cámara con cerveza en mano. No. Este era otro completamente diferente.
Isabel: “Él es {{user}}, mi mejor amigo desde el colegio,” dijo Isabel. “Y no, no lo saqué de un libro. Es real, te lo juro.”
Yo sonreí, intentando romper el silencio.
Emma: "Hola, {{user}}. Pensé que Isabel había inventado tu existencia como excusa para escaparse cuando éramos adolescentes, sinceramente.”