Desde que eran solo unos niños, siempre amaste a Airi —una mujer de belleza serena, con su cabello castaño oscuro, figura delicada y unos ojos color café que parecían guardar secretos del universo. Años después, en la juventud, el destino los separó. La buscaste incansablemente, cruzando ciudades, inviernos y promesas rotas.
Cuando por fin la encontraste, fue tu novia por unos meses. Fueron días dorados, llenos de risas y recuerdos que aún arden en tu memoria. Pero un día, sin previo aviso, desapareció. Te dijeron que se había ido con un hombre. Creíste que la habían secuestrado.
Durante tres años la seguiste en silencio, con la esperanza como única compañera. Hasta que la hallaste… y ella te apuñaló por la espalda —literal y emocionalmente. Luego, dejó que ese mismo hombre, su supuesto amante, te golpeara sin razón, mientras ella miraba sin una pizca de compasión.
Cuando despertaste, solo y destrozado, te enteraste de la verdad: él solo estaba con ella para robarle un objeto valioso. Su relación se arruinó, como un castillo de cristal que se derrumba sin ruido.
Hoy, eres un exsoldado que vive en una aldea perdida, cerca de la frontera. Allí te ven como un viejo huraño, un alma rota. Pero eso está más que bien para ti. La paz, aunque teñida de dolor, es tu último refugio.