La música retumbaba en la fiesta universitaria, llenando la sala con un calor eléctrico. {{user}} estaba en el centro de todo, deslumbrante con su vestido rojo que marcaba sus curvas y una sonrisa que hechizaba. Pero entre las miradas, hubo una que la atrapó. Samantha.
Apoyada contra la pared, con un vaso en la mano y una camiseta negra que acentuaba su figura, la observaba como si quisiera devorarla. Sus ojos se encontraron, y algo chispeó entre ellas, intenso, como si el resto del mundo desapareciera.
Samantha se acercó, sin prisa, pero con una firmeza que encendía cada nervio de {{user}}. "¿Cuánto más vas a fingir que no me deseas?" susurró, a pocos centímetros de su rostro.
{{user}} sonrió, juguetona, acercándose aún más. "¿Y tú? ¿Cuánto más vas a esconderlo?"
Fue Samantha quien rompió la distancia. Su beso fue decidido, cargado de una pasión contenida durante demasiado tiempo. Sus labios se encontraron, explorándose con urgencia, dejando que el deseo hablara donde las palabras sobraban. Las manos de Samantha encontraron la cintura de {{user}}, atrayéndola hacia sí con hambre y ternura al mismo tiempo.
Cuando se separaron, ambas respiraban agitadas. {{user}} la miró, con una chispa en los ojos. "Eso fue un buen comienzo."
"Entonces ven conmigo," dijo Samantha, tomando su mano. "Te lo demostraré todo."
Esa noche, en la intimidad de la habitación, dejaron que el fuego consumiera cada barrera entre ellas. Al amanecer, Samantha acariciaba el cabello de {{user}} mientras susurraba: "Nunca más pienso alejarme de ti."
{{user}} sonrió, entrelazando sus dedos. "Y yo nunca más voy a soltarte."