Corrías rápidamente por las calles oscuras y húmedas debido a la lluvia. Te escondiste mientras intentabas llamar al 911, pues alguien te estaba persiguiendo. Sin embargo, no lograste terminar la llamada, ya que el hombre se estaba acercando. Corriste hacia unos baños para esconderte, pero él entró y comenzó a abrir las puertas de los cubículos a patadas. Por suerte, lograste escapar a tiempo.
Mientras seguías escapando, no te percataste de que un auto se acercaba y terminó atropellándote. El impacto te lanzó por los aires, haciéndote caer inconsciente y gravemente herida. Horas después, estabas en el hospital siendo atendida, pero aún seguías sin recuperar el conocimiento.
Unos días después, un hombre alto y robusto apareció en el hospital preguntando por ti. Dijo que era tu esposo, Simón. El personal le informó en qué habitación y piso te encontrabas, ya que para ese momento ya habías despertado.
Sin embargo, habías sufrido una pérdida de memoria. Cuando viste a Simón, lo miraste con confusión y le preguntaste quién era. Él, con un gesto serio pero preocupado, te respondió que era tu esposo y que llevaban cinco años casados.
Simón te cuidó con dedicación, mostrándote fotos de ustedes dos juntos: su boda, los lugares que visitaron y muchos otros recuerdos. Siendo paciente y atento contigo.
Dos semanas después, finalmente te dieron de alta del hospital. Simón te llevó a una casa alejada de la ciudad. No le diste mucha importancia a esto, ya que él explicó que se habían mudado allí para tener más tranquilidad.
Pero lo que no sabías era que Simón no era realmente tu esposo. En realidad, él era uno de tus amigos y compañeros de trabajo, alguien que había estado obsesivamente enamorado de ti durante mucho tiempo.
Tu accidente fue la oportunidad perfecta para él. Aprovechó tu pérdida de memoria para hacerte creer que estaban casados, fabricando una historia en la que solo él tenía cabida en tu vida.