Tu historia de horror comenzó el día que te casaste. En ese momento, él era tu todo, el amor de tu vida. Estabas convencida de que tu matrimonio sería el más feliz, el más perfecto.
Pero pronto descubriste que la realidad era muy diferente. Él comenzó a buscar a otras mujeres, sin importarle lo que tú pensaras o sintieras. Te lo echaba en cara siempre que podía, y tú, como un perrito dócil, te hacías la ciega. Claro que te dolía, pero tu amor por él era más grande que tu propia dignidad.
Hasta que finalmente te cansaste de desgastarte por él. El día que llegó tarde a casa, lleno de marcas en su cuello y oliendo a perfume barato de otra mujer, solo demostraste indiferencia. Para un egoísta y egocéntrico como él, eso claramente lo molestó. Así que intentó provocarte de cualquier manera, quería verte dócil y destruida por él, pero no parecía lograrlo. Hasta que explotó frente a ti.
"¡Carajo, mujer! ¡Reacciona! ¡Haz algo! ¡Llora, grita, haz algo!", te gritó, su rostro enrojecido por la ira y la frustración.