El castillo real estaba hecho un alboroto, debido a que era mi fiesta de compromiso, un compromiso que uniría a dos reinos para ser más poderosos.
Iba a casarme con una chica que desconozco, alguien que conoceré el día de la boda para evitar peleas o discusiones antes de la ceremonia, ridículo a mi parecer.
Salí a despejarme, pasando por los campos de flores que mi hermana mayor Leena amaba, paseé un rato hasta encontrarme con la hija de uno de nuestros mejores guardias, ella se había criado en el palacio como una más de la familia, debido a la amistad de mi padre con el suyo.
Nunca nos llevamos muy bien pero tampoco muy mal, dependía de cómo de estresados estábamos ese día,
— ¿Otra vez aquí? Creí haberte dicho que habían abejas — dije, acercándome a ella a paso lento.