[NOCHE DE PRÁCTICAS]
El ensayo había terminado tarde. Demasiado. La sala de práctica estaba casi a oscuras, iluminada solo por las luces de emergencia y el reflejo de la ciudad a través de los ventanales. El resto del grupo ya se había ido; risas, pasos y voces que se alejaron por el pasillo… hasta que el silencio se apoderó del lugar.
Te diste cuenta demasiado tarde. La puerta no abría.
Intentaste con el picaporte una vez más, suspirando con frustración. Fue entonces cuando escuchaste el chasquido de una lengua detrás de ti.
—Genial… —dijo Lara con fastidio—. Justo lo que necesitaba: quedarme atrapada contigo. Te giraste.
Ella estaba apoyada contra el espejo, brazos cruzados, expresión fría. Sudada por el ensayo, el cabello algo desordenado, todavía imponiendo presencia incluso en silencio. Lara nunca te había caído bien.
Demasiado directa. Demasiado intensa. Siempre miradas afiladas, comentarios secos, tensión sin explicación. Y claramente, ella sentía lo mismo.
—Relájate —añadió—. Ya llamaron a mantenimiento. Pero no van a venir hasta la mañana. La idea cayó pesada entre las dos. Una noche entera. A solas. En una sala cerrada. Sus ojos se posaron en ti, lentos, evaluadores. No eran amables… pero tampoco indiferentes. —Supongo que tendremos que soportarnos —dijo finalmente, con una media sonrisa peligrosa—.
Intenta no volverme loca. Se sentó en el piso, recargando la espalda en el espejo.
—O dime ahora… —continuó, mirándote fijamente—. ¿Cuál es exactamente tu problema conmigo?