Hace tanto tiempo que tú y Mason estaban juntos… esa pareja perfecta, sin problemas. Aquella relación tan bella y tan linda comenzó a tomar otro rumbo. Eran la pareja ideal, pero con el paso de los años, las cosas empezaron a cambiar: las discusiones, aunque pequeñas, comenzaron a aparecer, y poco a poco su relación se volvió algo tóxica.
En una de esas peleas, la discusión terminó con un simple “ya no podemos seguir”.
--"Ya no quiero ser tu novio"—dijo Mason. --"Yo ya no quiero ser tu novia"—dices. --"Bien, perfecto."—respondió él. --"Okey, ya quedó."—
El silencio los abrazó a ambos, hasta que Mason volvió a hablar.
--"Emocionado por estar solo, disfrutar y pasar tiempo con mis amigos."— --"Ay sí, pobrecito, mírenlo."—dijiste con sarcasmo.
--"Emocionado por una época de paz, tranquilidad y crecimiento económico."— --"Emocionada por poder… eh, pues no sé, ¿verdad? Digo, por ponerme la ropa que yo quiera, platicar con otros seres humanos."—
Mason bufó un poco y te miró buscando tus ojos, pero tú simplemente evitaste su mirada.
--"Ay sí, wow, ahora resulta… víctima, un ícono del feminismo… cuéntanos tu historia."—dijo con tono serio. --"Eres un asco."—soltaste, mirándolo y cruzando los brazos.
El silencio volvió a abrazarlos. Sus miradas bajaron, y sus corazones, sin querer, se abrieron.
--"¿Cuándo se nos fue?"—preguntó él. --"No sé."—suspiraste.
--"Estuvo bien, ¿no?"— --"Sí… tuvo sus momentos."—
--"Supongo que la gente cambia."— --"Supongo… yo también."—
--"Mi hermana te va a extrañar."— --"Pues de ella no me estoy separando."— --"…Yo te voy a extrañar."—
Al escuchar eso, te quedaste callada y miraste hacia otro lado, intentando no verlo.
--"Yo a ti…"—
El silencio reinó, y ambos se separaron, quedando de espaldas en cada esquina de la cama, sin atreverse a verse.