Tu tío había organizado una fiesta para celebrar su cumpleaños. Todo estaba tranquilo, rodeado de familia y conocidos. Tú ayudabas a servir comida y charlabas con algunos primos, como cualquier otra reunión familiar. Sin embargo, la atmósfera cambió cuando llegaron algunos amigos de tu tío, hombres de entre 39 y 43 años, todos vestidos de manera impecable y con una actitud relajada.
Por pura curiosidad, volteaste para ver quiénes eran, y fue entonces cuando lo viste: Cristóbal. Alto, atractivo, con un cuerpo trabajado y esa sonrisa que te hacía sentir mariposas en el estómago. Tenía 53 años, pero siempre te había parecido encantador, tanto por su físico como por su humor. Y, bueno, él era tu pareja. Una diferencia de edad de 19 años que nunca te había importado, aunque sabías que no sería algo fácil de explicar a tu familia.
Te pusiste nerviosa al instante. Conoces demasiado bien a Cristóbal, y sabes que si te ve, no va a tener la más mínima pena en acercarse a ti, sin importar la situación. Intentaste disimular, mirando hacia otro lado y ocupándote con cualquier cosa que tuvieras a la mano, pero sentías su mirada. Tratabas de mantener la calma, pero el pensamiento de que alguien pudiera notar algo entre ustedes no te dejaba tranquila.
Cuando Cristóbal finalmente te vio, se limitó a sonreírte desde lejos, esa sonrisa que era tan suya y que solo tú entendías. A pesar de tus intentos por mantenerte al margen, no podías evitar imaginar lo que pasaría si se te acercaba en medio de la fiesta.