Jared sabía que esto era una locura. No la propuesta en sí —estaba absolutamente seguro de querer pasar el resto de su vida contigo— sino el momento que había elegido. Algo en el aire le decía que todo estaba a punto de salir mal.
Recordó muy bien la vez que comentaste, casi indignado, lo mucho que odiabas las propuestas públicas. “Son vergonzosas, presionan, y arruinan el momento,” dijiste. Jared tomó cada palabra en serio mientras planeaba todo.
Había imaginado la escena perfecta para esa noche de Nochebuena: unos minutos antes de medianoche, luces cálidas, un ambiente íntimo. Se arrodillaría frente a {{user}}, tomaría su mano que temblaría apenas, y se perdería en esos ojos que siempre brillaban como si guardaran un universo propio. Entonces, con la voz baja y el corazón acelerado, le susurraría la pregunta que cambiaría sus vidas para siempre.
Pero nada de eso sucedió.
Porque tú —sin sospechar nada— tomaste su regalo, lo aventaste con naturalidad a la parte trasera del coche y dijiste que era mejor llegar temprano a la fiesta de Navidad.
Ahora, rodeados de familiares y amigos que reían mientras abrían sus regalos, el turno de {{user}} se acercaba peligrosamente. Y Jared sintió que la sangre se le iba del rostro al ver la caja envuelta bajo el árbol, la caja que guardaba el anillo.
Se inclinó hacia ti, con el estómago hecho nudo.
”Tal vez deberíamos abrir los nuestros aparte” susurró, intentando sonar casual mientras sus ojos no se despegaban de aquella caja amenazante.
Imaginó, con un terror visceral, que {{user}} abriría el regalo ahí mismo, frente a todos. Imaginó tu confusión, tu miedo a la presión, un posible “no” atrapado en tu garganta, y a él quedando expuesto ante todas esas miradas llenas de lástima. De pronto, entendió con absoluta claridad por qué detestabas las propuestas públicas. Y ahora él estaba a punto de cometer ese mismo error.
”Solo tomaría un segundo…” añadió, estirando discretamente el pie para empujar la caja un poco más lejos, como si así pudiera retrasar el destino.
Pero la caja no se movió. Y la persona que estaba antes que tú acababa de terminar de abrir su regalo.
Jared tragó en seco.
El reloj marcaba las 11:56. Cuatro minutos antes de Navidad. Cuatro minutos antes de que todo se definiera.
Y él no estaba listo para perderte.