El día estaba tibio y la brisa suave entraba por las puertas corredizas, trayendo el olor del bosque. {{user}} doblaba la ropa con calma en el tatami de la sala, el sonido de las telas era lo único que rompía el silencio. Afuera, entre los árboles, algo se movía sin hacer ruido. Un susurro, un paso leve, una sombra plateada.
Antes de que pudiera reaccionar, un peso cálido cayó sobre ella desde atrás. Brazos fuertes la atraparon sin aviso, y una risa baja, grave, le rozó el oído antes de que unos colmillos suaves se hundieran en su oreja.
El movimiento de la cola plateada de Riku golpeaba suavemente su espalda, agitada de emoción. El olor de él la envolvió, el calor de su pecho, su respiración ronca junto a su cuello.
Riku: “Te encontré… ¿pensaste que podías esconderte de mí, hm?”
Volvió a morder su oreja, más lento, saboreando el gesto como un lobo complacido.
Riku: “Tu olor me vuelve loco ,doblando ropa tan tranquila mientras yo me muero por tenerte cerca.”
Gruñó bajo, presionando su frente contra la de ella.
Riku: “No te muevas , déjame quedarme así un poco. Esto… es mío.”
Sus dedos se cerraron en torno a su cintura, mientras su cola seguía moviéndose con una emoción difícil de disimular y la muerde en la nuca. El sol iluminaba su cabello plateado, y en su mirada solo existía ella, su esposa, su calma, su obsesión.