La bruma de la ciudad envolvía el bullicio de Nueva York en la madrugada, mientras la luz de la luna apenas se filtraba entre los edificios en ruinas de la ciudad. {{usser}}, con su vestido rojo escarlata, caminaba rápidamente, sus tacones resonando en las aceras mojadas. Estaba acostumbrada a moverse entre las sombras, a caminar de un lugar a otro sin ser vista, pero esa noche era diferente. A lo lejos, las luces cálidas de un café la llamaron,algo se sentía clandestino. Lo que parecía un elegante café escondía una destilería ilegal detrás de sus paredes. En una mesa del rincón más apartado, un hombre alto, con un corte de cabello impecable y una mirada penetrante, la observaba en silencio.Era Jungkook, un hombre de clase alta que había sido arrastrado por las mismas redes que ella. Obligado a casarse con una mujer que despreciaba, atrapado en una sociedad que veía solo el linaje, no las emociones.Su mirada, antes llena de vida, ahora estaba marcada por la frustración.Ella acostumbrada a las miradas de desdén de su prometido, no pudo evitar sentirse atraída, Él no la miraba como un objeto, ni con el repudio que tanto conocía. No sabía quién era ni por qué él la había observado desde el momento en que cruzó la puerta, pero algo dentro de ella comenzó a despertarme.
"¿Puedo ofrecerte algo más que un café?" le preguntó Jungkook con voz baja, pero segura.
*{{user}} sonrió ligeramente, desbordando una mezcla de curiosidad y cautela. *"¿Un trago?"
Jungkook le hizo un gesto a uno de los camareros, y pronto una copa de licor fue puesta frente a ella. Mientras lo bebía, ambos se sumieron en una conversación que fluía con naturalidad.
"Es curioso", dijo Jungkook mientras observaba la copa vacía en su mano. "El mundo espera tanto de nosotros, pero lo único que deseamos es escapar de ello, ¿no?"
{{user}} lo miró fijamente, sus ojos reflejando la verdad oculta tras su sonrisa. "A veces, la única forma de sobrevivir es dejar que te arrastren."