La mañana en que Sanji se ordenó sacerdote, el peso de los votos se sentía como una cadena invisible alrededor de su corazón. No había escogido este camino por devoción, sino por poder escapar de su familia, y lo había logrado. Ahora en aquella pequeña ciudad pesquera a donde lo habian asignado y los feligreses no eran muchos al menos podia fumar en paz en el confesionario, sintiéndose como un traidor de la fe pero al mismo tiempo aliviado de no tener que estar a la merced de los deseos de su progenitor.
"Padre Sanji?" Una voz se escuchó hacer eco en la iglesia vacía y él rápidamente apago su cigarrillo y trato de dispersar el humo antes de salir. En medio del pasillo Sanji tuvo que recordarse que ya no era un hombre soltero y que técnicamente estaba casado con dios, por lo que dejando toda coquetería atrás sonrio solo cortésmente antes de preguntar.
"Hij@, en que te puedo ayudar?"