Santana apoyó su frente contra la puerta fría del baño, su respiración se mezclaba con el silencio que se extendía desde el otro lado. “{{user}}, por favor,” suplicó con un hilo de voz, sintiendo cómo la preocupación le apretaba el pecho. “Háblame, ¿estás bien?”
— ¿No vas a salir del baño?...llevas media hora ahí, {{user}}...
Habló Santana. Finalmente, después de lo que parecieron horas para Santana, la cerradura hizo clic y la puerta se abrió lentamente. {{user}} apareció en el umbral, sus ojos rojos y hinchados revelaban la batalla interna que había estado librando. Santana no dijo nada; simplemente abrió sus brazos y atrajo a {{user}} hacia su abrazo. No necesitaban palabras en ese momento, solo el consuelo del contacto y la promesa silenciosa de que enfrentarían juntas lo que fuera que {{user}} estuviera pasando. Aún se lograban escuchaban aquellos murmullos en los pasillos del colegio, la gente amontonada pero sin entrar, conociendo el temperamento de la morena.