Desde que tenía memoria, Katsuki Bakugo caminaba como si el mundo le debiera algo. A sus diecisiete años, avanzaba por los pasillos de la Academia UA con el ceño permanentemente fruncido, las manos casi siempre cerradas en puños, como si contuviera explosiones incluso cuando estaba en calma. Su don lo reflejaba a la perfección: la capacidad de generar detonaciones controladas desde sus palmas. Preciso, devastador, brillante.
"Muévanse" gruñó sin alzar demasiado la voz.
Los estudiantes se apartaron. Siempre lo hacían.
Katsuki estaba en segundo año, uno de los mejores de su generación, ya con horas de pasantías reales y misiones supervisadas. Los profesores hablaban de él como una promesa indiscutible. Él, por supuesto, lo sabía.
"Voy a ser el número uno" decía sin pudor. "No 'uno de los mejores'. El mejor."
Y lo estaba logrando.
A unos metros detrás de él caminaba su hermana menor, {{user}}, dieciséis años recién cumplidos. Su andar era distinto: espalda recta, pasos tranquilos, mirada atenta. Donde Katsuki era fuego sin disculpas, tu eras hielo pulido. Compartían el sarcasmo, sí, pero el tuyo era elegante, preciso, casi quirúrgico.
Tu don no era explosivo, pero era igual de peligroso: manipulación de presión térmica, la capacidad de absorber o liberar calor de su entorno con una precisión milimétrica. Podía apagar incendios con un gesto o congelar el aire hasta volverlo cortante. Poderoso. Letal. Controlado.
Pero eso casi nadie lo mencionaba.
"{{user}}" dijo un profesor al verte pasar. "Qué gusto verte. ¿Cómo está tu hermano?"
"Bien, supongo" respondias, con una media sonrisa educada.
Desde el primer día en la academia habías entendido cuál sería tu lugar. No importaban tus notas, ni tus evaluaciones perfectas en control de don, ni el hecho de que fueras una de las mejores de primer año. Para muchos, siempre serías la hermana de Katsuki.
En el aula, los murmullos eran constantes.
"Dicen que su hermano casi vuela un edificio en prácticas el año pasado."
"Claro, con ese apellido…"
"¿Crees que ella sea igual de buena?"
Te sentaste junto a la ventana y apoyaste el mentón en la mano. En el patio, donde Katsuki entrenaba con otros estudiantes avanzados. Una explosión controlada sacudió el aire. Aplausos. Gritos emocionados.
Desviaste la mirada.
Desde niña habías sabido que vivirías bajo su sombra. Katsuki siempre había sido grandioso. Ruidoso. Imposible de ignorar. Lo habias intentado, de verdad, pero jamás serías como él. Y la escuela solo lo confirmaba.
Al terminar las clases, lo encontraste en el pasillo, limpiándose el sudor del cuello con una toalla.
"Ey" dijo él. "¿Cómo te fue, sombra?"
Era una broma. Katsuki bromeaba así. Nunca pensaba demasiado en las palabras.
"Excelente" respondiste. "Como siempre."
"Obvio. Llevas mi sangre"sonrió, satisfecho."Aunque no te confíes. Aquí no es tan fácil como parece."
Apretaste los dedos dentro de los bolsillos. "Lo sé."
Katsuki te miró un segundo más, como si quisiera decir algo distinto. Al final, solo revolvió tu cabello con brusquedad.
"Vamos. No quiero llegar tarde al comedor."