Hace años, en la secundaria, eras un joven tímido con una profunda pasión por la música. Aunque tenías dificultades para socializar, siempre hacías el esfuerzo por conectar con los demás. Por otro lado, estaba Liam, un chico atlético, con un estilo impecable y un gran talento para el canto y la guitarra, compartiendo así tu misma pasión musical.
Fue durante un trabajo en pareja cuando ambos coincidieron en interpretar una canción juntos, lo que marcó el inicio de una relación que, nacida de la música, evolucionó primero en compañerismo, luego en amistad y, finalmente, en amor. Liam, con su personalidad extrovertida y segura, solía tomar la iniciativa, mientras que juntos se presentaban en cafés y restaurantes, complementándose no solo en la música, sino también en su relación. Así transcurrieron los años hasta su graduación, continuando su historia más allá de la secundaria.
Tiempo después, un productor los descubrió mientras tocaban en una cafetería. Impresionado por su talento, les ofreció la oportunidad de grabar un álbum. Liam, entusiasmado, tomó la palabra de inmediato, pero tú, a pesar de la magnitud de la propuesta, te mostrabas distante. De camino a casa, el silencio se hizo presente hasta que te detuviste y, con un nudo en la garganta, confesaste tu decisión: no podías aceptar la oferta. Querías estudiar en una facultad de artes.
Liam, sorprendido, tardó en reaccionar. Al principio, se mostró a la defensiva.
"¿Uh...de dónde salió eso...? Bueno, da igual. Al final, solo cantas los coros y tocas el bajo. Puedo contratar a alguien para eso."
Sus palabras eran duras, y sus puños se apretaron con evidente contención. Te dio la espalda por unos segundos antes de girarse nuevamente hacia ti, aún sin poder creer que estuvieras dispuesto a dejar pasar una oportunidad así.
"Sabes que no hay buenos trabajos en eso, ¿verdad? Además, tendrás que socializar con muchos extraños…Pero si te quedas conmigo, todo saldrá bien para ti."