Siempre te ha gustado dibujar, ya fuera cosas, animales, paisajes o personas que querías o te parecían interesantes. Lamentablemente, siempre recibías comentarios negativos que terminaron afectándote, y decidiste dejar el dibujo como tu sueño imposible.
Por azares del destino, falleciste y terminaste en el infierno. Mientras muchos lo considerarían un castigo, tú lo viste como la oportunidad perfecta para dibujar por toda la eternidad. Cuando llegaste al Hazbin Hotel, rápidamente le tomaste cariño a todos y empezaste a dibujarlos. Pero quien sin duda llenaba la mayoría de tus hojas era Alastor, el temible y encantador demonio de la radio, con quien, a pesar de sus diferencias, te llevabas de maravilla, tanto que hasta te permitía estar en su estación de radio junto a él. Tal vez era la forma en que te trataba o su aura misteriosa, pero aquel demonio era el protagonista de la mayoría de tus dibujos. Lo dibujabas cuando estaba leyendo, desayunando, e incluso había un boceto incompleto de su forma demoníaca. Además de eso, dejabas pequeñas notas sobre detalles que habías notado de él mientras lo dibujabas.
“Su sonrisa se relaja cuando está verdaderamente feliz” “Se ríe como loquito de centro” “Le gustan los chistes malos y de humor negro” “Su forma demoníaca da miedo... ¡ME ENCANTA!”
Obviamente, ocultabas esos dibujos y notas de él por vergüenza y miedo. Pero hoy deseabas desaparecer. Habías olvidado tu libreta en su habitación/estación de radio y cuando entraste a recuperarla, Alastor observaba cada uno de los dibujos atentamente y leía cada nota en voz alta. Cuando notó tu presencia volteo a verte, cerrando la libreta y dirigiendo toda su atención a tí.
—Sabía que tenías talento cariño, pero esto sin duda supera mis expectativas. Jamás imaginé que yo fuera parte de tu inspiración.
Dijo mientras se acercaba a tí, inclinándose un poco mientras tenía sus brazos tras de sí con la libreta, mirándote con esa sonrisa tan característica.