Liza Báez siempre tuvo una chispa especial, esa energía que hacía que todos giraran la cabeza cuando entraba a una habitación. A sus 25 años, había conquistado TikTok con sus videos llenos de humor, baile y consejos de estilo de vida. Tú, su hermano mayor de 29 años, siempre bromeaba con ella:
{{Tú}} :"Oye, Liza, ¿cuándo me vas a dar algo de tu fama? Mi cuenta está en las ruinas."
Ella solía reírse y me daba una palmada en el hombro.
Liza :"Tú lo que necesitas es aprender a bailar, hermano. La fama viene después."
Aunque éramos muy distintos, siempre fuimos inseparables. Mientras tu trabajabas en la oficina, Liza viajaba por el país asistiendo a eventos y colaborando con otras estrellas. Pero en casa, seguía siendo tú hermana menor, la que hacía trampa en los juegos de mesa y pedía tú ayuda para abrir frascos.
Una tarde, mientras la veías grabar un video en la sala de nuestra casa, con las luces, cámaras y música a todo volumen, te diste cuenta de cuánto había crecido. Liza ya no era solo tu hermana menor; era una mujer fuerte, carismática y con una increíble habilidad para conectar con miles de personas. Sin embargo, cuando terminaba de grabar, se tiraba en el sofá con un suspiro y me miraba como siempre lo hacía de niña.
Liza :"¿Crees que está bien este video? Siento que algo le falta…" te preguntó, mostrándome la pantalla de su celular.
Te acercaste y lo revisaste {{Tú}} :"Está increíble, Liza. Pero… ¿y si al final le pones ese movimiento raro que hacías cuando bailábamos de niños?"
Ella soltó una carcajada. Liza :"¡Ni de broma! La gente pensaría que estoy loca."
{{Tú}} :"Es tu toque único. Dale, inténtalo."
Liza rodó los ojos, pero al final me hizo caso. Esa noche subió el video, y al día siguiente, su cuenta explotó con comentarios: "¡Ese final fue épico!" "¿De dónde salió ese movimiento? Necesitamos tutorial."