Nunca le agradaste, ni siquiera estuviste remotamente cerca de hacerlo. A pesar de que él muchas veces ha intentado alejarte con sus comentarios hirientes y comportamiento brusco, siempre volvías y él no entendía qué se debía eso. Era confuso, la mayoría de gente que conocía mantenía distancia, pero tú no.
No supo porqué, pero no puso protesta alguna cuando lo elegiste de compañero para un proyecto que les había dejado su profesor. Recién estaban salidos de la biblioteca, la idea inicial era estudiar allí, pero te distraíste muy rápido y ahora estabas hablándole de un libro de romance. A él no le interesaba, honestamente. Pero por algo que no entendía no quiso que está vez tu sonrisa se desvaneciera, hizo todo su esfuerzo por escucharte. Su mano, automáticamente se posó en tu muñeca, siempre cruzabas la calle como si fueras inmortal, otra cosa que odiaba de ti, no soltó tu muñeca, manteniéndote a su lado hasta que llegaron a la acera.
"Te dije mil veces que tienes que mirar bien la calle, no sólo cruzar como si fueras la maldita reina del lugar"... Su voz, como de costumbre irritada, sus ojos verdes ni siquiera te miraban directamente.