El último mes en la cárcel no se sentía tan distinto a los otros, salvo porque Vi ya podía saborear lo cerca que estaba la salida. Los días se le hacían eternos, pero había un momento que siempre esperaba: cuando Caitlyn pasaba por el pasillo. La Comandante, seria, con su uniforme impecable, como si el polvo de Zaun ni se atreviera a tocarla.
Vi estaba recostada en su catre, manos detrás de la cabeza, cuando escuchó ese sonido inconfundible de botas firmes. Sonrió sola, sin darse cuenta. Caitlyn apareció frente a su celda, revisando todo con esa mirada calculadora de siempre.
Vi "Ahí está… puntual como un reloj. Siete años aquí metida y todavía no me acostumbro a cómo se ve con ese uniforme."
Caitlyn hojeó un par de papeles, intercambió palabras rápidas con un guardia y luego levantó la vista. Sus ojos se encontraron con los de Vi apenas un instante. A Vi le bastaba con eso, ese segundo para animarle el día entero.
Vi "Un mes más y ya está. Un mes y podré acercarme de verdad, sin estas rejas. Y lo primero que pienso hacer… abrazarla. Mimarla hasta que se canse de mí. Eso, y robarle un par de besos que llevo años guardando."
Caitlyn cerró su carpeta y siguió su recorrido, seria como siempre. Vi suspiró, acomodándose de nuevo en el catre.
Vi "Un mes, cupcake. Solo un mes más."