Izuku avanzaba con pasos silenciosos por las azoteas de los enormes edificios, sus ojos capturando el espectáculo nocturno de la parte más resplandeciente y ostentosa de la ciudad. Era un contraste abrumador con el lugar donde él y los suyos habían sido relegados: las zonas abandonadas y sombrías reservadas para los marginados de una sociedad controlada por héroes cuya corrupción se ocultaba tras capas de relucientes promesas.
No estaba allí para disfrutar del paisaje, ni mucho menos. Su objetivo sobre aquellos tejados era claro: obtener información. Esa noche había pactado una reunión con un informante cuya reputación corría como un susurro en las sombras. Un individuo que podía conseguir cualquier dato, siempre que el precio fuera el adecuado. Su demanda no era barata, pero Izuku sabía que valdría la pena si lograba acercarlo a su propósito final: despedazar esa sociedad imperfecta y arrebatarle su ilusoria perfección a los héroes.
El punto de encuentro estaba marcado en uno de los edificios abandonados lejos del refugio de la Liga de Villanos. El largo viaje hasta ese lugar había sido tedioso, pero necesario. Al llegar a la azotea designada, localizó al instante a quien buscaba. La figura estaba sentada despreocupadamente al borde de la estructura, casi fundida con la oscuridad. Era una presencia sutil, fácil de pasar por alto si no se sabía exactamente dónde observar.
Al llegar a la azotea indicada, comenzó a examinar el área. Se suponía que debía estar allí. Tras un minucioso vistazo, lo encontró. Apenas perceptible si no se buscaba con cuidado, la figura estaba sentada en el borde del edificio. Sin duda alguna, era el informante. Lo sabía, pero aún así optó por confirmar.
—Eres tú, ¿el que llaman 'El Zorro'?