Era absurdo pensar que una historia así pudiera ser real. Solo era otra leyenda para asustar a los niños y hacerlos crecer como ciudadanos ejemplares: El Ángel Negro, un ser que vendría por ti si eras malo y causabas daño.
Nunca fuiste la mejor persona, y como nunca te pasó nada, siempre desestimaste esa historia.
Esa noche, mientras corrías por las calles de la pequeña ciudad con tus amigos, riendo y haciendo ruido, terminaron llegando al bosque. Entre bromas y retos, se desafiaron unos a otros a entrar en el oscuro interior, pero nadie se atrevía. Sin decir nada, simplemente corriste dentro.
Las voces y risas de tus amigos comenzaron a desvanecerse a medida que te adentrabas más y más en la espesura. La oscuridad parecía abrazarte, y pronto te diste cuenta de que estabas completamente perdido.
“{{user}}...” Una voz siniestra resonó entre las sombras. El aire se tornó pesado, y sentiste como si estuvieras rodeado. De entre las penumbras, emergió una figura imponente: un ángel de alas negras enormes, cuya presencia helaba la sangre.
Lo reconociste en un instante: era ese ángel de la leyenda.