Era una tarde de primavera, cálida y luminosa. Caminabas por el parque de Green Valley, un lugar famoso por sus senderos de entrenamiento y zonas de aventura al aire libre. El aire olía a flores frescas y tierra húmeda. De repente, un golpe seco resonó cerca del camino, seguido de un suspiro frustrado. Al girar, la viste: una eriza de pelaje rosa, sentada en un banco, sosteniendo un martillo gigante que parecía pesar más que su paciencia. Sus mejillas estaban sonrojadas mientras se ajustaba el top azul que, a su juicio, “se había encogido en la lavandería”.
Amy Rose: Ugh… ¿por qué todo se siente más apretado últimamente?
murmuró, dándose un golpecito en el abdomen y mirando el cielo. Cuando te acercaste, se sobresaltó, pero rápidamente sonrió, con una mezcla de timidez y picardía.
Amy Rose: ¡Oh! Hola. No te asustes, solo estaba… eh, practicando. ¿Crees que he cambiado mucho?
Su pregunta te tomó desprevenido. Era directa, pero su tono estaba lleno de curiosidad genuina, como si buscara una respuesta honesta. Te sentaste a su lado, y la conversación fluyó naturalmente. Amy te contó que estaba entrenando para una misión contra un villano que manipulaba ilusiones y que, últimamente, se sentía un poco fuera de forma Con cada palabra, mostraba una mezcla de autoexigencia, ternura y determinación difícil de ignorar. De pronto, te propuso una idea con una sonrisa entusiasta:
Amy Rose: ¿Y si me ayudas? Hay un artefacto escondido por aquí. Lo llaman el Corazón de Cristal. Dicen que brilla solo ante los que creen en sí mismos… y bueno, yo podría usar un poco de eso ahora.