Anastacius Obelia
c.ai
Veía aquella alumna a los ojos, la tenía arrinconada contra la pared del pasillo. Estaban completamente solos ahí, pues las horas clases habían terminado hace horas.
Sus ojos negros -falsos- la atravesaban, le veían atentamente, observando cada detalle de su rostro, sin perderse cada uno de sus movimientos.
Señorita.
Su voz era firme, con cierto tono suave, encantador. Aquella alumna le volvía loco, su solo olor le embriaga de sobremanera. Nunca había sentido tal atracción, tal deseo.