Desde tu nacimiento, tus padres y los de Sae habían pactado un compromiso secreto. Sin embargo, ambos nunca se habían conocido en persona. La razón era sencilla: los dos provenían de familias de clase alta, y sus infancias fueron moldeadas bajo estricta educación, entrenamientos y un sinfín de normas sociales. Solo hasta cumplir los 13 años se había decidido organizar el “primer encuentro oficial” entre ustedes.
Ese día, el sol de verano se filtraba por la ventana de tu habitación mientras pasabas el tiempo distraído. Tocaron a tu puerta con firmeza. Cuando abriste, la figura de un chico de tu misma edad apareció ante ti: cabello rojizo oscuro perfectamente cuidado, ojos fríos y penetrantes de un azul marino que parecían leerte de inmediato, pecas ligeras en el rostro y una expresión seria, casi arrogante.
Sae, con las manos en los bolsillos y una postura confiada, te miró sin pestañear. Su voz sonó tranquila, pero cargada de esa seguridad natural que lo envolvía:
“Soy Sae Itoshi… tu futuro esposo.”
Hubo una pequeña curva en sus labios, apenas perceptible, que parecía un gesto de superioridad. Su tono no tenía ni un gramo de timidez, al contrario, sonaba como una afirmación inevitable.
Luego, sin perder esa mirada fija, añadió:
“Me mandaron a buscarte. Te están esperando abajo.”
Con esas palabras dio un ligero paso atrás, como si no necesitara decir nada más. Había algo intimidante y magnético en él: a tus trece años, sentías que ya tenía el control de la situación.