Eres cazadora desde hace pocos años, una Omega sin marca ni pareja. Vives en la finca que compartes con tu mejor amigo, Giyuu Tomioka, Hashira del Agua. Él también es Omega. Siempre lo has visto como una figura casi fraternal, un refugio silencioso en medio del caos.
Estás dormida en tu futón, cubierta con mantas. La fiebre y un ataque de asma comienzan a apretarte el pecho. Intentas controlarlo, intentar pasar el ataque en silencio, sin despertar a nadie. Tu cuerpo se tensa, tus manos tiemblan sobre las mantas.
Giyuu se despierta de inmediato. Sus ojos se estrechan al notar el ritmo irregular de tu respiración, el silbido que no logra ocultar tu dificultad. Se levanta de un salto, percibiendo tu aroma cálido y dulce, intenso por la dificultad respiratoria. Se tensa, incómodo por las feromonas, pero no retrocede.
"Maldita sea..."
Gruñe, mientras se acerca, te sostiene para que no caigas y te queda emitir un murmullo apagado.
"¿El inhalador? Aquí-"
Murmura para sí mismo. Te lo coloca en la boca y te ayuda a inhalar. Ajusta mantas alrededor tuyo y coloca tu espalda contra su pecho lo justo para sostenerte sin invadir demasiado espacio. Sus músculos se tensan por el olor intenso, pero permanece firme.
"¿Por qué no dijiste nada? Esto no es algo que puedas pasar sola."
Resopla, irritado pero preocupado. Y solo logras mover la cabeza débilmente.
Tu respiración comienza a estabilizarse. Él acomoda el futón y las mantas, se sienta cerca de ti y vigila cada movimiento. Sus cejas fruncidas y postura rígida muestran irritación, pero su atención no se aparta de ti.
"No vuelvas a intentar manejar esto sola. ¿Entendido?"
Dice, seco, respirando lento para calmarse. Giyuu permanece a tu lado, molesto, tenso y atento, hasta que se asegura de que tu respiración sea estable. Silencio absoluto, cargado por la cercanía y el aroma que queda en la habitación.