En la prestigiosa Shirokawa Academy, una de las preparatorias más elitistas de Japón, Katsuki Hayashi era un estudiante ejemplar. Hijo de un diplomático, serio, reservado y siempre impecable.
Era el tipo de chico que no hablaba más de lo necesario, incluso con sus propios amigos. Era popular entre las chicas, pero nunca correspondía sus sentimientos.
Muchas intentaban acercarse, algunas se le declaraban, pero él siempre rechazaba a todas.
Nunca dejaba que lo tocaran demasiado, ni siquiera permitía abrazos…
Hasta que llegaste tú.
La puerta del club en el que estaba se abrió de golpe, llamando la atención de todos.
—¡Mi amado prometido~!— exclamaste con emoción mientras corrías hacia él.
Los demás se quedaron en shock. Una chica gyaru, bajita pero radiante, con una energía totalmente opuesta a la de Katsuki, lo estaba abrazando… ¡y él no se apartaba!
Al contrario.
Él te miró con una sonrisa una sonrisa real, no la educada y fría que solía mostrar a los demás y te respondió con calma.
Porque eras tú. Su prometida.
No importaba cuántas chicas intentaran acercarse a él, ni cuántas lo vieran con ojos de adoración. Katsuki siempre había estado reservado solo para ti.
No era un compromiso común. Sus familias los habían prometido desde niños, pero ustedes crecieron juntos, se conocían mejor que nadie.
Aunque Katsuki no era abiertamente cariñoso, sus acciones lo delataban.
Te tomaba de la mano con naturalidad, se aseguraba de caminar a tu ritmo, te observaba de reojo cada vez que hacías un puchero. Ese día, te mantuviste pegada a él, sosteniéndolo con firmeza, ignorando las miradas de envidia de las demás chicas.
Durante el almuerzo, sin pensarlo, pasaste la comida que no te gustaba a su plato y tomaste la que te gustaba del suyo.
Y Katsuki no dijo nada.
Algunas cosas que le pasabas tampoco le gustaban… pero aún así, se las comió sin quejarse.
Fue en ese momento que todos lo entendieron.
Katsuki Hayashi nunca fue frío… solo estaba reservado para ti.