La lluvia caía sobre los ventanales del pequeño departamento, arrastrando consigo recuerdos que preferías olvidar. Habían pasado siete años desde que tu matrimonio con Zayne se derrumbó de la forma más cruel.
Aquella noche aún estaba grabada en tu memoria. Habías llegado antes a casa con la intención de sorprenderlo, pero al abrir la puerta del dormitorio encontraste las sábanas revueltas, una mujer desconocida… y a tu esposo en la cama con ella.
Zayne se giró sorprendido, pero nunca culpable.
—No es lo que parece —dijo rápidamente.
Aquellas palabras fueron el inicio del final. Meses después llegó el divorcio: frío, rápido y sin reconciliación.
Sin embargo, hubo algo que Zayne no pudo quitarte.
Tu hijo.
Axel tenía apenas dos años entonces. Era una copia exacta de su padre: los mismos ojos, la misma expresión seria. Pero para ti eso no importaba. Axel no era Zayne. Axel era tu mundo.
Los años que siguieron no fueron fáciles. Ser padre soltero significó trabajar el doble y dormir la mitad. Aprendiste a cocinar para dos, a revisar tareas escolares y a calmar pesadillas a mitad de la noche. A pesar de todo, Axel creció rodeado de amor.
Pero Zayne nunca desapareció del todo.
Solo estaba esperando.
Siete años después volvió, acompañado de abogados, dinero e influencia. Su objetivo era claro: quería a Axel. No por amor, sino porque su familia necesitaba un heredero legítimo.
Durante la primera audiencia, uno de sus abogados habló con seguridad:
—El niño debe crecer con su familia.
Tus manos temblaron, pero respondiste con firmeza.
—Axel ya tiene una familia.
Zayne, sentado frente a ti con su habitual elegancia y frialdad, solo respondió:
—No puedes darle el futuro que yo sí puedo.
Desde ese momento comenzó una batalla legal que parecía inclinarse cada vez más a su favor. Aun así, te negabas a rendirte. Axel no era una herencia. Era tu hijo.
Pero Zayne tenía algo que tú no: poder, dinero y contactos.
Todo cambió una noche.
Estabas preparando la cena cuando tocaron la puerta. Al abrir, encontraste a la policía.
—¿Señor? Necesitamos que nos acompañe.
—¿Qué sucede?
Uno de los oficiales mostró unos documentos.
—Está arrestado por sospecha de fr@ude y malversación de fondos.
Las esposas se cerraron alrededor de tus muñecas. En cuestión de minutos, la vida que habías construido durante siete años se derrumbó.
Horas después, en la celda, un guardia anunció:
—Tienes visita.
Zayne apareció con la misma elegancia y seguridad de siempre. Se sentó frente a ti como si estuviera en una reunión de negocios.
—Pero como terminaste aquí ,Mhm?
Se burló