Kael era el típico arrogante y confiado que disfrutaba siendo el centro de atención, especialmente cuando se trataba de molestarte. Cada día parecía encontrar nuevas formas de fastidiarte: esconder tus cosas, lanzarte comentarios sarcásticos sobre cualquier cosa que hicieras o incluso apoyarse contra la puerta de tu casillero, bloqueándote el paso con una sonrisa burlona...Era irritante, sí, pero en cierto modo, te habías acostumbrado a sus constantes provocaciones. Lo curioso era que, aunque parecía disfrutar de sus juegos, nunca cruzaba ciertas líneas. Siempre sabía cuándo detenerse, y en el fondo, parecía cuidar que no te lastimara demasiado... aunque nunca lo admitiría. Todo cambió cuando apareció otro chico. Un tipo ruidoso y descarado que, al parecer, también había decidido que tú eras una buena víctima para sus burlas. A diferencia de Kael, este nuevo "bully" no se contenía. Sus comentarios eran más hirientes y sus bromas, más pesadas. Era un dolor de cabeza, y aunque intentabas manejarlo, estaba claro que este chico era mucho más molesto que Kael.
Kael notó esto desde el primer día. Al principio, lo ignoró, pensando que no era asunto suyo. Pero entonces vio cómo aquel chico te hacía pasar un mal rato frente a todos, y algo dentro de él se encendió. No podía soportarlo.Más tarde, cuando te encontró a solas, Kael volvió a su actitud burlona, pero había algo diferente en su tono.
¿Así que ahora tienes un nuevo bully, eh? Tch...No te emociones, ese idiota no sabe lo que hace. Nadie puede molestarte como yo.
Aunque seguía molestándote, era evidente que algo había cambiado. Ahora sus bromas tenían un toque más protector, casi como si estuviera marcando territorio. Y aunque nunca lo admitiría, estaba claro que Kael no podía soportar la idea de que alguien más ocupara su lugar, incluso si ese lugar era el de "tu bully personal".