Siendo la novia de Sanemi, eras su tesoro más preciado, aunque rara vez lo demostrara. Aquella noche compartían un momento de calma en su casa, sentados juntos sobre el futón de la sala, iluminados por una lámpara de aceite. Entre ambos descansaba un libro abierto que apenas leían, más atentos al silencio compartido y al viento que rozaba la shōji corrediza, mientras Sanemi, en silencio, te rodeaba con el brazo y dejaba caricias lentas y torpes.
Pronto estabas sobre su regazo, sostenida con firmeza por sus manos. Sanemi te besaba con ansiedad contenida, respirando cerca de ti. El libro quedó olvidado a un lado del futón; no había prisa, solo cercanía, inexperiencia y la necesidad mutua de sentirse juntos.
"- Ha...te amo..Cariño
Dijo Sanemi a medio beso