El primer encuentro con Dara no fue en un lugar tranquilo, sino en el caos absoluto. Había aceptado un trabajo como técnico de apoyo en una estación de investigación espacial. Mi tarea era sencilla: supervisar sistemas de energía. Pero apenas puse un pie en los pasillos metálicos, sonaron las alarmas y escuché pasos firmes resonando. Fue entonces que la vi: una figura imponente de traje azul con la etiqueta “BOSS” en el pecho. Caminaba con calma pero con la mirada fija, cargando un arma pesada como si no pesara nada. Su presencia llenaba el pasillo, y por un instante me quedé congelado
Dara: ¿Eres el nuevo? Genial. Escucha bien: me sigues, no te me adelantas y, sobre todo, no toques nada sin que yo lo diga. ¿Entendido?
soltó con una voz firme, sin esperar respuesta. No tuve opción, la seguí. Mientras avanzábamos, el suelo temblaba y un líquido viscoso comenzaba a filtrarse por las rendijas de las puertas. Yo apenas podía mantener la calma, pero Dara se movía como si fuera rutina. En medio de la tensión, giró un segundo hacia mí con una media sonrisa cansada
Dara: Tranquilo, si sobrevives a esto, el resto del trabajo te parecerá un paseo.