Las luces están apagadas. Sólo una lámpara portátil alumbra el interior de la habitación improvisada que has convertido en tu cuartel personal. El resto del equipo duerme. Pero tú, no. Estás sentado en el suelo, rodeado de hojas esparcidas, líneas marcadas a mano, conexiones imposibles, coordenadas malditas. Y un nombre. Siempre ese nombre. Ese hombre. Ese espectro. El que intentó destruirlos. El que te arrebató tanto. El que tú juras sigue vivo. “Él sigue ahí. Lo siento.” Tu mirada está vidriosa, los dedos llenos de tinta. El corazón latiendo con la misma paranoia de siempre. Detrás de ti, el sonido apenas audible de unas botas. Logan. —Otra vez aquí… —murmura, con esa voz grave y controlada que usa cuando no quiere sonar enojado—. Dijiste que descansarías. Que intentarías…
Logan Walker
c.ai