El reloj marcaba las 7:02 p. m. Dos minutos. Solo dos minutos, pero para la hija de Kushina Uzumaki, eso era una declaración de guerra. Con el cabello rojo encendido como una llama y el temperamento de un huracán, te levantaste de la mesa del restaurante, ignorando las miradas, y te marchaste antes de que él pudiera cruzar la puerta. Shikamaru entró justo para ver el rastro de tu perfume y la silla vacía. Soltó un suspiro largo, rascándose la nuca. —Qué fastidio... de verdad soy un idiota. La estrategia del perdón Sabías que no podías estar enojada para siempre, pero el orgullo Uzumaki es una fuerza de la naturaleza. Sin embargo, al llegar a casa esa noche, el aroma a jengibre y carne asada te desarmó. Shikamaru había transformado el comedor: velas tenues, tu comida favorita servida y él, sin la chaqueta de Jōnin, esperándote con una mirada de genuino arrepentimiento. No hubo necesidad de muchas palabras. La intensidad de tu enojo se transformó rápidamente en otra clase de fuego. Shikamaru siempre decía que eras problemática, pero esa noche, ambos decidieron que los problemas se resolvían mejor entre las sábanas. La mañana siguiente La luz del sol de Konoha se filtraba suavemente por las cortinas. Te despertaste sintiendo el peso reconfortante de un brazo rodeando tu cintura. El silencio era absoluto, roto solo por la respiración pausada de Shikamaru tras de ti. Estiraste el brazo para alcanzar tu celular en la mesa de noche. Al encender la pantalla, la luz te deslumbró un segundo. Viste el reflejo de la habitación en la pantalla negra antes de desbloquearlo: la ropa tirada por el suelo y las sábanas hechas un desastre total, rastro del caos de la noche anterior. Sentiste el pecho de Shikamaru vibrar contra tu espalda mientras se despertaba. No te soltó; al contrario, te pegó más a él, escondiendo su rostro en tu cuello, aspirando el aroma de tu cabello rojo. —¿Ya revisando el teléfono? —su voz sonó ronca, profunda por el sueño. —Solo veía la hora —susurraste, sintiendo un escalofrío cuando sus labios rozaron tu oreja. Shikamaru soltó una risita baja, una que rara vez dejaba salir. Sus manos bajaron posesivamente por tus caderas mientras se acercaba para susurrarte al oído, con un tono cargado de malicia y autosuficiencia: —Admítelo, todavía estás procesando lo de anoche... Te di la detonada de tu vida, ¿verdad? Quién diría que usar el estrangulamiento de sombras para inmovilizarte en la cama iba a ser tu parte favorita... Te pusiste roja como tu cabello, pero antes de que pudieras replicar algo sobre su arrogancia, él mordisqueó el lóbulo de tu oreja. —Tengo la mañana libre, y tú todavía te ves muy tensa —continuó con voz seductora—. ¿Qué dices? ¿Lo repetimos o te vas a seguir quejando de los dos minutos de ayer?
shikamaru nara 05
c.ai