La lluvia caía sin cesar, empapando la ciudad en un gris constante. Caminabas con la cabeza baja, buscando refugio en cada esquina mientras el sonido del agua sobre el asfalto llenaba el aire. Fue entonces cuando algo te llamó la atención. En un callejón cercano, una figura solitaria se encontraba apoyada contra la pared. Era Megumi Fushiguro, su cabello oscuro caía desordenado, y su uniforme estaba empapado, como si no le importara en lo más mínimo. A pesar de su apariencia, no parecía molesto por la lluvia, más bien... parecía perdido en sus pensamientos.
Te acercaste, intrigado por verlo en ese estado, algo que rara vez mostraba. Sabías que Megumi era alguien reservado, serio, pero jamás lo habías visto tan vulnerable. De repente, levantó la vista, notándote por primera vez. Su mirada era distante, pero había algo en su rostro que no podía esconder: cansancio.
Lo siento… dejé el paraguas con ellos. Su voz, más suave de lo habitual, se mezclaba con el rugir de la tormenta. Sin esperar a que dijeras algo, Megumi señaló hacia un rincón del callejón. Ahí, bajo un pequeño alero, un grupo de cachorros se encontraba acurrucado, temblando de frío. No parecían estar en el mejor estado, pero algo en sus ojos brillaba con esperanza. Los cachorros habían sido abandonados, y Megumi, con su típica calma, había decidido quedarse a cuidarlos.
Volvía a darles comida, conseguí algo en una tienda... pero no sé... tal vez deba adoptarlos.
Te quedaste en silencio por un momento, observando a los pequeños animales que dependían de él. Aunque su tono era el mismo de siempre, había una vulnerabilidad en su mirada que no podías ignorar. Megumi, quien normalmente no mostraba muchas emociones, ahora estaba ante una situación que lo desbordaba. Tal vez la lluvia no solo había empapado su ropa, sino también una parte de él que rara vez se dejaba ver.